Café y cerebro: lo que dice la ciencia

Publicado el 21 de abril de 2026, 18:21

El café no solo sirve para despertar por las mañanas. Una nueva investigación sugiere que su impacto va mucho más allá de la energía inmediata: podría influir directamente en el estado de ánimo, el estrés e incluso en la salud del cerebro. Y lo más interesante es que estos efectos no dependen únicamente de la cafeína.

El estudio, realizado por el centro de investigación APC Microbiome Ireland en el University College Cork y publicado en Nature Communications, analizó cómo el consumo regular de café afecta la relación entre el intestino y el cerebro, conocida como el eje intestino-cerebro.

Durante años, el café ha sido estudiado principalmente por su contenido de cafeína. Sin embargo, según el investigador principal John Cryan, el café es en realidad una mezcla compleja de compuestos que interactúan con el cuerpo de múltiples formas.

El estudio encontró que consumir alrededor de cuatro tazas diarias puede estar asociado con mejoras en el estado de ánimo y una reducción del estrés. Lo sorprendente es que estos beneficios se observaron tanto con café regular como descafeinado, lo que apunta a que otros componentes —como los polifenoles— también juegan un papel importante.

Uno de los hallazgos más relevantes tiene que ver con la microbiota intestinal, es decir, el conjunto de bacterias que viven en el sistema digestivo.

Los investigadores observaron que el consumo de café modifica la composición de estas bacterias, favoreciendo algunas especies asociadas con efectos positivos en la salud. Estos cambios, a su vez, se relacionaron con variaciones en el estado de ánimo, el estrés y ciertas funciones cognitivas.

Esto refuerza una idea que ha ganado fuerza en los últimos años: el intestino y el cerebro están profundamente conectados. Lo que ocurre en uno puede afectar directamente al otro.

El diseño del estudio permitió observar algo poco explorado hasta ahora: qué ocurre cuando una persona deja de consumir café y luego lo retoma.

Después de un período de 14 días sin café ni otras fuentes de cafeína, los participantes mostraron cambios en su estado de ánimo y en ciertos marcadores metabólicos. Al reintroducir el café —ya fuera con o sin cafeína—, muchos de estos indicadores mejoraron.

En términos prácticos, los participantes reportaron menos estrés, menos síntomas depresivos y menor impulsividad al volver a consumir café.

FUENTE: Nature

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